el comunicador mitológico

Fue el poeta griego Píndaro (siglo VI adC) el encargado de narrar los amores del dios Apolo con la mortal Corónide, hija del Rey de Tesalia llamado Flegias.

La unión de los amantes tuvo lugar en las orillas de la laguna Beobea, cerca de Lacerea, en Grecia. Apolo dejó embarazada a Corónide y regresó a Delfos, dejándola bajo la vigilancia de un cuervo blanco. En este tiempo Corónide tuvo relaciones con el mortal Isquis, hijo de Élato, gobernador de la región del monte Cileno y conquistador de la Fócida, antigua región del centro de Grecia.

El cuervo blanco voló hasta Delfos para comunicar al dios los amoríos de Corónide, tal y como le había sido encomendado. Entonces Apolo maldijo al animal condenándolo a llevar de por vida el color negro en su plumaje en lugar del blanco. Posteriormente mató a Corónide no sin antes de que la pira funeraria la incinerase, sacar de su vientre una criatura que sería el futuro dios Asclepio.

De esta forma, el cuervo blanco quedó consagrado como "comunicador" del ámbito mitológico, aún a costa de sufrir las iras del receptor de su información que dando por hecho el dicho de "matar al mensajero" lo convirtió en negro para el resto de sus días.

Queda consagrada en esta historia la dificultad del oficio de comunicador, así como la frecuente ingratitud a la que es sometida su labor.

Desde Corvus Comunicación reclamamos el color blanco para este animal condenado por cumplir con su obligación de informar... Quizás, si le hubiera contado al dios las malas noticias de otra manera...

Mitología Nórdica

En la mitología nórdica, Hugin y Munin, son un par de cuervos asociados con el dios Odín. Hugin y Munin viajaban alrededor del mundo recogiendo noticias e información para Odín. Hugin era el "pensamiento" y Munin era la "memoria". Ambos eran enviados al alba a recoger información y regresaban por la tarde. Se posaban en los hombros del dios y susurraban a sus oídos todas las noticias. Es debido a estos cuervos que se utilice el apodo "dios cuervo" para referirse a Odín. La preocupación de Odin por sus cuervos era algo excepcional, y no se han encontrado indicios de que sintiera lo mismo, por ejemplo, por sus lobos.